“Los que andan diciendo que los mayas decimos que el mundo se va acabar, nunca nos vinieron a preguntar”.

Mayas desmienten supuestas profecías y aseguran que el 2012 es sólo un cambio de ciclo

 

Cientos de miles de personas de todo el mundo se han interesado en las profecías atribuidas a los mayas, que hablan de un inminente fin del mundo pero, curiosamente, los habitantes de la península de Yucatán las desconocen y aseguran que dentro de la mentalidad de los pueblos precolombinos no cabe una idea ni remotamente parecida al fin de los tiempos.

“Los que andan diciendo que los mayas decimos que el mundo se va acabar, nunca nos vinieron a preguntar. Eso no está escrito, no se sabe de dónde lo sacaron”, nos explicó don Ildelfonso Aké y Cocom, guía espiritual del Consejo de Ancianos y Sacerdotes Mayas (Kuch Kaab Yéetel J-Meen Maya’ob A.C.) a quien consultamos con la intención de aclarar la postura de practicantes de la comunidad maya frente a las profecías del fin del mundo.

Mérida acoge al menos ocho de los más importantes recintos arqueológicos de lacivilización maya: Chichén Itzá, Uxmal, Mayapán, Izamal, Motul, Ek Balam, T’Hó (Ichcaanzihó, hoy la Ciudad de Mérida) y Champotón.

Al estar en esta ciudad, precisamente en el 2012, a meses de un anunciado fin del mundo, la búsqueda de aclaraciones se impuso como la sed. Conocíamos la efervescencia que este tema ha suscitado en las redes sociales de internet, en los talk show televisivos de muchos países —tanto de América como de Europa—, en las revistas pseudocientíficas, pero no sabíamos con exactitud que decían los mayas vivos.

No moriríamos de sed junto a la fuente. Fue así como cuatro periodistas, una argentina, un salvadoreño y dos mexicanos comenzamos a buscar el fin del mundo. Buscando llegamos a la casa donde vive don Ildelfonso. Una casa ubicada en Plantel México Poniente, una colonia obrera en los suburbios de Mérida. “La generación humana no acaba, lo que acaba es un ciclo de la vida y comienza otro” nos dice don Indelfonso  mientras nos explica rústicamente el calendario maya, porque él —nos dice— no es un científico estudioso del tema, es solo un maya que ha vivido 70 años y que ha guardado sus tradiciones, porque según nos cuenta el “sabio”, muchos mayahablantes abandonan el campo y sus orígenes. Al buscar el fin del mundo descubrimos que estar vivos no es cosa fácil para los mayas.

Ya lo dice José Huchim, arqueólogo de origen maya director de la zona arqueológica de Uxmal: “El maya está muy preocupado por su quehacer cotidiano, por su supervivencia y no tanto en si el mundo se va a acabar“. Y no es para menos, pues según las últimas cifras de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) que son de mediados del 2011, en el estado de Yucatán el 18% de la población (aproximadamente 140,000 mil habitantes) es maya hablante. Cada año, en promedio 168 personas dejan de hablar la lengua. Las comunidades indígenas son las más afectadas por la pobreza extrema en la región más pobre del país, según un informe de agosto de 2011 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social del congreso mexicano.

***

La Cuenta Larga que inició el 13,114 antes de cristo y finaliza en el 2012 de nuestra era” -explica el antropólogo Huchim- “lo único que sucede es que el 22 de diciembre va a empezar el 14 baktún, otra cuenta larga, y claro que tiene su trascendencia en nuestra cultura y espiritualidad, es como un fin de año de ustedes”. Según el sistema calendárico maya han transcurrido 13 baktunes equivalentes a 5,128 años ó 1.872,000 días desde el origen del universo. Eso es lo único que indican los glifos de la estela C de Quiriguá, en Guatemala, un cuenta de tiempo.

Buscando más referencias en internet, encontramos una fuente inesperada, el sitio elchilambalam.com, que no ofrece paquetes turísticos ni exageraciones del eminente apocalipsis, sino todo lo contrario, ofrece información de la cultura maya, su lengua, notas sobre eventos relevantes y aclaraciones. Este sitio es manejado por José Ic Xec, periodista, y Lorenzo Itzé, desarrollador web, ambos de orígenes mayas. Ellos retan a occidente usando la tecnología de la comunicación del siglo XXI para preservar los 5,128 años de su pasado y el día a día de su presente. Estos jóvenes tienen montada la editorial Chilam Balam, el sitio web es uno de los producto de esta empresa. También tienen una estrategia de redes sociales para difundir a nivel mundial el presente maya.

— ¿Qué opinan los mayas cuando escuchan hablar del supuesto fin del mundo? – fue una de nuestras preguntas.

— ¡Chen tuskep! – respondió en maya Ic Xec sin titubeos.

— ¿Qué significa eso? – repreguntamos intrigados y esperando una explicación mística en la traducción de aquella expresión.

— ¡Son puras pendejadas! – tradujo en tono serio y solemne Ic Xe.

Tardamos unos segundos en reaccionar ante la contundencia de tal respuesta. Reímos incrédulos. “Puras tonterías, puras frivolidades ¡puras pendejadas pues!” amplían sobre la traducción de la expresión y comentan que, a su juicio, ni los que lo están promoviendo esa idea de que el 21 de diciembre se acaba el mundo se lo creen, dicen que solo lo aprovechan, “si lo creyeran estarían aterrorizados, no armando viajes turísticos”.

A Itzé, como programador, le interesa poner al servicio de la cultura, y sobre todo de la lengua maya, las herramientas web. También por medio de la internet, difunde vocabulario maya, aclara terminología y busca que se genere una comunidad virtual en torno al hashtag #maya, es decir, en torno a la cultura maya como tema: lengua, tradiciones, cosmovisión.

Unos meses antes de venir a Yucatán, en otro rincón del mundo Maya, uno de nosotros tuvo una conversación con una de las representantes mayas más insignes, y ella se toma con humor el tema del fin del mundo: “Yo estoy segura que los babosos que dicen y hablan del calendario maya ni siquiera conocen en calendario maya, porque para los mayas esta fecha no es exactamente como la presenta esta gente, eso que en el dos mil tanto pasa tal cosa. Es una transición de tiempo solamente”, explica coloquialmente la doctora Rigoberta Menchú, guatemalteca y premio Nobel de la Paz, en una entrevista ofrecida en El Salvador al periódico El Faro en marzo de este año. “Yo siempre les digo que si creen que se acaba el mundo, que por favor me hereden todos sus bienes, yo les voy a dar buen uso”, dice irónica entre carcajadas.

Foto: Elmer Menjivar

Huchim es menos sarcástico que la Nobel, pero coincide en que en el fondo de esta confusión hay ignorancia acerca de la cosmovisión maya: “este bagaje es lo que tenemos en la cultura maya, del otro lado, del de ustedes, lo que hay es una visión catastrófica”. Para hincar más el diente, la actriz mayahablante, Socorro Loaeza, agrega que existe una especie de extrapolación equivocada: la tradición maya no menciona nada que pueda entenderse como “el fin del mundo”, esa idea de el fin de los tiempos es una concepción católica. “El catolisismo habla del fin de los tiempos, los mayas no hablan ni siquiera de otra vida, sino de trascendencia, de continuidad en otro plano”, explica Loaeza.

La respuesta es unánime entre los mayas: el mundo no llegará a su fin este 21 de diciembre, solo se trata de un cambio de tiempo en la concepción cíclica del tiempo que los mayas conservan, “el futuro fue el pasado, el pasado es el presente” dice Huchim refiriéndose a la continuidad y la repetición de hechos que se dan a través del tiempo, “esa es la sabiduría del tiempo que tenemos que aprender los seres humanos para mejorarnos como especie”, reflexiona. Ic Xec nos hace ver que estos simbólicos momentos en cualquier cultura siempre son motivo de reflexión, buenos propósitos y ceremonias, “es como el jubileo que montaron los cristianos en el año 2000”, apunta, y nos hace recordar que el olor al fin del mundo que también tuvo esa época, y busca la contundencia: “lo que se va a acabar el 21 de diciembre no va a ser el mundo, sino el tema en las redes sociales y la mentira, eso es lo único que se va a acabar”.

En Tecoh, la comunidad vive Loaeza, no habrá ninguna celebración por el final del baktún, sus preocupaciones no están en el fin del mundo, les preocupa más poder conservar su lengua, que no se extinga el maya. “Cada abuelo que se va es como si se quemara un libro” dice la actriz y por ello trabaja con niños, enseñándoles a escribir maya, incitándolos a practicarlo, a hablar con sus abuelos y conservar su sabiduría.

Buscando el fin del mundo encontramos a los mayas vivos y su dura realidad en este fin de época que marca su calendario. También encontramos el inicio de otra época, y como en todo inicio, encontramos esperanzas.

Trabajo realizado por: Erica Sánchez, Enrique Corte, Elmer Menjivar y Alejandra Serrano

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